Esas pequeñas cosas...

lunes, 13 de noviembre de 2017

El bullyng de Noviembre

No toda violencia entre un hombre y una mujer es de género, pero sí toda acción que implique una situación de desigualdad en el marco de una sistema de relaciones de dominación de los hombres sobre las mujeres que tenga pueda tener como consecuencia un daño físico, sexual o psicológico,  es un acto de agresión machista.

Ahora lo llamamos  también el mes morado porque  un 25 de Noviembre de 1960, fecha en la que se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, fueron asesinadas tres hermanas -Patricia, Minerva y María teresa-,en la República Dominicana.  Hasta esa fecha y desde entonces  no han parado de morir asesinadas y no se han detenido, con mayor o menor éxito, las reivindicaciones. Desde hace tres años llevo una pequeña parcela de responsabilidad en el el tema, y he aprendido dos cosas: que cualquier paso encaminado a visibilizar el problema nunca es en vano y que aún se escuchan letanías idénticas a siglos atrás en cuanto a lo superfluo que es defender los derechos de las mujeres por el hecho de serlo. Pero no se pueden permitir pasos atrás. La maquinaria está engrasada y las acciones encaminadas a que el mundo aísle al maltratador de género deben prevalecer por encima de otras opiniones.

Habrá épocas con menos inversión en medidas para proteger a las mujeres que padecen esta lacra y dar salida a sus vidas, una vez que toman las riendas de su libertad, pero el mundo, esa parte del mundo que mira de forma empática el sufrimiento ya no tolera las agresiones, en forma de crímenes en muchos casos y de amargos tratos en otros. La pirámide familiar se ve envuelta siempre en el horror de las acciones machistas, y la familia en la que hay un maltratador sufre en grupo sus consecuencias. Esto llev, por otro lado al riesgo de que los hijos imiten el comportamiento en un futuro o lo sufran,todo como un hecho de vivencia cotidiana que no les pilla como anormalidad.

Rosa María, asesinada por su ex marido, con 20 años,  ha sido una de las últimas víctimas de la violencia de género, en lo que va de año, en España. Paradójicamente, las encuestas revelan que uno de cada cuatro jóvenes ve normal la violencia en la pareja, y unos de cada cinco piensa que se exagenara y que es una cuestión politica. La insistencia en la educación desde edades tempranas y la empatía que da el conocimiento de casos reales y cercanos tal vez les haga cambiar de opinión. Los que seguí habitualmente mi blog recordaréis la entrada que escribí pensando en Emy, una amiga de mi infancia y adolescencia que fue asesinada, en unas circunstancias de violencia de género tan parecidas a las del resto de mujeres y tan singulares como la propia vida de cada ser humano. En la suposición queda el por qué de su muerte; aunque nos podemos imaginar los motivos, porque los perfiles y la mentalidad del maltratador suelen converger en una imagen de hombre que se cree de primera respecto a su pareja, con todo un historial de derechos adquiridos que dejan al desnudo la individualidad y el respeto de su prójima. No era Noviembre cuando Emy nos dejó, hacía poco que había comenzado la primavera. Pero sentimos el frío del invierno con la forma de su muerte, y fuimos conscientes de que el maltratato y sus terribles consecuencias también le ocurre a las personas que tenemos más cerca, no solo son noticias de la tele o el periódico.

No olvidemos tampoco que una palabra  tiene el mismo poder destructor  que una bofetada, por eso  "Ni golpes que duelan ni palabras que hieran", fue uno de los lemas de las campañas que las concejalas de Igualdad de la Cuenca del Nalón, entre las que tengo el honor de incluirme, han elaborado con motivo de la campaña del mes de la lucha contra violencia de género. Este año ya tenemos preparado un nuevo cartel, con mensaje contundente, que presentaremos la próxima semana en Pola de Laviana. Tal vez únicamente sean palabras en un papel más grande, pero también cabe la posibilidad de que esas palabras lleguen a alguien, en cualquiera de las dos orillas del maltrato, y le hagan reflexionar y cambiar de rumbo. Con que solo le sirva a una persona habrá merecido la pena el empeño de nuestro trabajo. Así de lento suele ser el camino de la consecución de resultados, pero mientras no se de un paso atrás, todo es rentable en la lucha.Y perdonen las molestias aquellos que tachan de inútiles este tipo de campaña, pero las siguen matando.

jueves, 12 de octubre de 2017

Así era Pilar



Derivado del latín pilar, en el significado de los nombres españoles Pilar quiere decir soporte de la vida. No anda muy alejada la connotación de algunas de las que conozco y he conocido, con esa versión de mujer fuerte donde poder apoyarse el clan familiar o el círculo de amistades. "Es una mujer ordenada, metódica y disciplinada. Además, tiene un sentido del deber muy desarrollado. También es autoritaria , y le gusta que las cosas se hagan a su manera, por lo que es frecuente chocar con ella; especialmente en cuestiones laborales", apostilla una definición.

Como persona de carácter enérgico, recuerdo a mi abuela paterna, Pilar. Huérfana de madre siendo una niña, se casó muy joven y parió seis varones y una hembra, la más pequeña, en los años de anteguerra. A Pilar la del "Puzu" -tenía ese apodo porque en la casa donde vivía en Agues había un pozo de agua en el prado que la rodeaba-, le tocó jugar en el bando de los perdedores durante la la Guerra Civil, y sufrir las consecuencias que padecieron los vencidos tras acabar la contienda.

Con un hermano condenado a muerte, que logró huir a Francia, el punto de mira fue esa mujer de su familia, que tenía la piel tan morena como determinantes  sus andares, y directas sus palabras. Soportó requisamientos, rapados de pelo, aceites de ricino y dedos apuntándola sin cesar. Por lo que me fueron contando quienes la conocieron, pocas cosas la amedrentaban y defendía a su prole, también marcada, como tantas mujeres coraje de aquella época y aquellos perfiles.

Siete hijos de edades seguidas  necesitaban lo que escaseaba: alimento, ropa, calzado; mientras les sobraban las ideas  en la ejecución de travesuras. Mi padre me contaba que un día encontraron una "espindarga" y comenzaron a dispararse con ella pensando que estaría vacía. Una bala, que no les estaba destinada porque salió en otra dirección, casi acaba con la vida de uno de ellos. También recordaba el cuarto de los hermanos Suárez Miyares, cada vez que comíamos "aroz colorao", que Ovidio estiraba cuanto podía ese alimento en el plato para que pareciese más cantidad, y cuando sus hermanos ya habían devorado la cena él seguía siempre con algún grano porque comía muy despacio para chincharles. Como había pocos cuchillos en casa, pelaban las castañas con los dientes durante las noches de invierno, y en el tiempo de cerezas y otras cosechas que les quitaban el hambre burlaban las vigilancias vecinales para encaramarse en busca del fruto prohibido.

De adolescentes pastoreaban cabras y vacas por los valles y montes de alrededor de la aldea y disfrutaban, en la medida de los posible, de unos años en los que la pobreza era la tónica general; tiempos difíciles que conectaron su juventud con los viajes a caballo hacia Aller, uno de los municipios limítrofes, donde dejaron historias de novias y choques de tesosterona a partes iguales. Tampoco les fueron ajenas desde bien jóvenes a algunos de los hijos de "Pedrera" la negrura de los pozos mineros y las aristas del carbón.

Mientras su madre seguía tejiéndoles "chapines" para las madreñas y los pocos zapatos que tenían, y Manuel, su padre, hacía su trabajo de caminero en la mina de Llaímu, los hermanos iban haciéndose hombres fuertes y protectores de su familia, siempre con el sello imborrable de su condición de hijos y sobrimos de rojos; lo que no hizo más que forjar un carácter de gentes de izquierda que para nada respondía al mal perfil pretendido por las etiquetas de la época. Señalados en la escuela, en la iglesia -a las que pronto dejaron de acudir por motivos diferentes-, y en numerosos centros de sociedad del municipio, fueron, sin embargo,unos jóvenes como tantos de su generación, hartos de miseria, de frío,de trabajo,con amistades irrompobles e historias de solidaridad inolvidables. Junto con ellas, la protección familiar de la que siempre alardearon, logró que una parte de sus recuerdos de infancia y juventud fuesen entrañables, a pesar de las circunstancias.

La tragedia les llegó más palpable con la muerte temprana de sus dos hermanos mayores -uno a los 18 en la mina y el otro en la mili-. Pero la madre coraje siguió con valentía su camino, y tuvo tiempo de conocer la Democracia, los viajes del Inserso, Venezuela, donde vivía uno de sus hijos; el mar de Gijón, donde me llevó algunas vacaciones. "Vamos a ver escapartes por el centro", me dijo un día. Y yo, con unos seis años y deseando todo cuanto me ofrecían tras las cristaleras, le contesté con mi coyán de pura cepa: "güelita pa nun comprar ná, prefiero no mirar los escaparates".

También Pilar Miyares vivió intensamente el último tramo de su vida haciendo ganchilo, leyendo esas revistas con fotonovela de regalo, y disfrutando de los juegos de cartas con su panda de coetáneos en el jardín de su casa: José el de Juana, Antonio el de Rincón, Lolita, Agustina la del Infiestu,  Ana María, Mero, Manolín "el Coyán" y Mariquina, sus cuñados que venían en el 600 desde la Pola casi todos los domingos, Ángeles Gutiérrez, etc.; cada cual con sus ideas y sus pasados diferentes que no les impedían compartir meriendas y barajas sin ningún tipo de prejuicio.También viajó muchas veces a París, donde iba a visitar a su benjamina, aunque solo aprendió a decir  "merci", "bonjour", "bon apetit" y poco más.

Así, a muy grandes rasgos, fue la vida de una de mis Pilares, luchadora incansable y valiente donde las hubiere.Como muestra de su coraje la anécdota del día que le robaron un jueves la cartera en el "mercau" de Laviana, y al jueves siguiente, al reconocer al delincuente, lo agarró del cuello y lo llevó medio a rastras hasta el cuartel de la Guardia Civil.


De los últimos recuerdos que tengo compartidos con mi abuela Pilar fue la boda de Lady Di y Carlos de Inglaterra en el televisor de su cocina, en el que había pegado un papel transparente con varias rayas de colores, para emular la tele en color, que aún no había llegado a la aldea. Siempre lamenté no haber ido más veces a visitarla y preguntarle historias de un mundo ahora difícil de imaginar que quedarán para siempre ignoradas.

Hoy, día de su Santo, de haber ido a verla, le hubiese contado, que por estas latitudes de colores variados ya no hay buenos ni malos por razón de, sexo, ideas o color, al menos legalmente, pero que el ser humano sigue siendo igual de tozudo, empeñándose en batallas ruidosas que no sirven más que para separar; las que valen la pena hay que lucharlas con armas más inteligentes y conciliadoras. Aunque la miseria y la escasez de entonces ya es historia por aquí, hemos aprendido poco, querida Pilar.




martes, 26 de septiembre de 2017

Octubre

Mi agenda con tachones, con señales que solo yo entiendo, tiene el mes de octubre ya casi completado. Aunque "el hombre propone y Dios dispone", que diría la refranera de mi madre, o el ser humano propone y luego el karma dispone, que se adapta mejor a mi filosofía. El caso es que la cincuentena me ha obligado, entre otros síntomas innegables, a tirar de agenda diaria. Me rendí ante la evidencia de que se me empiezan a olvidar las cosas  más de lo normal. Las cosas de agenda, nunca mejor dicho, porque para lo que no hace tanta falta me ocurre todo lo contrario: el recuerdo de algunas situaciones, hechos o personas -dejémoslo en negativas- me vienen a la mente más de lo necesario, y me producen extrañas palpitaciones y suspiros profundos que antes no me constaban. "Esas son consecuencias físicas y psicológicas de la menopausia", me dice Pilar. Pues eso, síntomas innegables de que el tiempo va pasando, pero tu ya no pasas por lo de otro tiempo.

Por otra parte, Octubre, un mes precioso por estos lugares norteños si el buen tiempo acompaña y los aires de "les castañes" acarician con suavidad, invita a retomar definitivamente la rutina de los días programados, en la misma medida que cambiamos sandalias por botas -cada vez están más de moda los zapatos cómodos, o será que cada uno ve lo que la tendencia que le va interesando por los escaparates-,  y chaquetas finas por cazadoras. De igual modo que los días ya más cortos nos informan desde las ventanas de las cocinas de platos más soperos, platos con pimientos verdes fritos  y  aroma a mandarinas, ese que me lleva al nacimiento de mis hijos en otros Octubres, y del que ya os he hablado muchas veces.

Nada de particular esos cambios estacionales, salvo que lo extraordinario llega cuando menos te lo esperas:en forma del  dibujo que forman unas hojas secas, un pequeño plan que te ilusiona, una acción que te entristece, un nuevo aprendizaje, un cambio en el color de tu casa, otra etapa en los estudios, el primer paso de un buen propósito; incluso el aniversario de de un blog de pequeñas cosas que comenzó también un atardecer de otoño; mitad alegre, mitad nostálgico, como casi todos. Enfín, hay tantos otoños  de aires diferentes para cada uno como tonos de ocres amarillos y marrones comienzan a aparecer por nuestros paisajes.
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Pues eso, que mi agenda espera a que tache cada casilla de Octubre con un "no, te rindas nunca". Sí, lo pone en letras diminutas, tan pequeñas que, más que leerlas, hay que imaginarlas o, mejor aún, creerlas. Buen otoño, de agendas llenas de pequeñas cosas y de entrañables rincones... Lo demás, es pasajero.




viernes, 30 de junio de 2017

Bajé el jueves al "mercau"


 La última vez que nos vimos sonaban los ecos de un concierto de Serrat -uno se cree que las mató el tiempo y la ausencia...-. Ya han pasado 32 mayos desde entonces. Ayer me la encontré en ese "mercau" de los jueves, en Pola de Laviana, al que bajábamos desde nuestros respectivos pueblos sin falta, lloviera que tronase, cuando éramos jóvenes.

La misma música ambiente, los mismos olores, los mismos puestos; con ropas y calzados distintos -cuántos tonos de rosa han desfilado por esos percheros y por nuestras vidas: rosa fucsia, rosa chicle, rosa cuarzo, rosa palo, rosa coral, rosa diamante...-. Hasta me atrevería a jurar que el vendedor de gorras, boinas y sombreros era el mismo que me vendió la visera que le compré a mi padre para su cumpleaños treinta años atrás. Pero no, sería su hijo. Y ahí comienzan los matices.El tendero de entonces ya peinará canas, unas cuantas arrugas en su  frente, lucirá unos párpados algo descolgados, y es posible que algunos kilos de más, o quizás mucha masa muscular menos; eso en el mejor de los escenarios de esa vida normal con la que empezamos a conformarnos en proporción directa al conocimiento del mundo y de las circunstancias irremediables. El vendedor de años atrás estaría igual que ella, que todos los  conocidos que me fui encontrando por el puesto de la fruta, por el de los frutos secos y los pepinillos en vinagre, por el del bacalao. Igual que yo, que me veía reflejada al verles a ellos, en el espejo del paso del tiempo.

El pincho de lomo rebozado al que siempre me invitaba mi padre en el bar de la Guinea, seguía en su urna de cristal. Y el Banco dela acera de en frente, al que bajaban mis paisanos y paisanas a sacar la paga del mes aún no ha sucumbido tampoco a los vaivenes económicos.Hay muchos negocios nuevos, que te hacen sentirte forastera, y que van creciendo paralelos a las nuevas tecnologías, a los nuevos dictámenes de las modas alimentarias, a las nuevas formas de compartir un rato de ocio... Además de algunos de toda la vida que todavía siguen en pie. Son esas empresas familiares con solera, que sobreviven gracias a que cumplen el dicho: "hacienda tu amo te vea". Vuelvo a recorrer las calles de siempre, pero ya no son las mismas para mí. O quizás nosotros, los de entonces ya no seamos los mismos, que dice el poema.

Nos fueron cambiando los buenos y los malos momentos, las decepciones, las angustias, los fracasos, lo poco o lo mucho que hemos ido edificando, nuestros secretos...Pero también nos han transformado las personas que hemos ido encontrando en nuestro camino, las que han valorado en nosotros aquellos que otros no han querido, no han podido o no han sabido ver; las experiencias que nos han hecho más fuertes, los aprendizajes que nos han hecho más sabios; aunque al cabo de los días vamos dándonos cuenta de lo mucho que aún nos queda por saber. la vida nos sorprende cada día, yo diría que a cada instante. Bien lo dice Pilar Eyre: "levantas una piedra y aparece los extraordinario".

Paseo ahora por ese "mercau" de la mano de un niño que, a pesar de haber viajado más que yo a su edad -tal vez en unos años más que yo en toda mi vida, mira los puestos con ojos de quien ve el mundo como una novedad. Le cuento que su abuelo solía comprarme unas bolsas con muchos bolígrafos que siempre había  en una mesa que no consigo encontrar; tal vez porque ahora se escribe poco. También un día de "mercau" me compró mi primera máquina de escribir y mi antigua cámara de fotos; además de los vaqueros Lois; los primeros de mi adolescencia. A quien me acompaña hoy le gusta pararse en el expositor de unos chicos bolivianos que traen complementos de colores vistosos, y duda entre una pulsera con su nombre o un indicador del viento; ajeno a la nostalgia.

Ahí mismo encontré a María. ¿Quién reconoció primero a quién?. Estoy segura que ella también me radiografió en ese instante infinito, hasta que llegamos al fondo de la mirada, a la amplitud de la sonrisa, al gesto alegre de quien se emociona al reencontrarse.Paseaba un niño rubio -tenía sus mismo ojos oscuros- en una sillita. Era su segundo nieto. Claro, a nuestra edad ya eres o abuela joven o madre tardía de un niño relativamente pequeño.

En el puesto de al lado, el señor moreno de ojos color aceituna, ya no vendía cintas de radio cassette, en su lugar un chico africano vendía CD musicales; pero creímos oír que continuaba la misma música: "...son aquellas pequeñas cosas...". Después retomamos la historia con un café.






lunes, 17 de abril de 2017

Las aguas del Alba aún mueven molinos




Dice el refrán que agua pasada no mueve molinos, pero no es el caso del  "molín" de Alfredo Sánchez, a la orilla del río Alba, en Soto de Agues. En la entrada del pueblo que le vio nacer, este joven molinero aprovecha el potencial energético de la fuerza del agua y el cielo para continuar con un trabajo centenario, casi en desuso. De hecho, es el único molino en funcionamiento, de esta modalidad, que se puede encontrar en el Valle del Nalón; torrente en el que desemboca uno de sus afluentes más populares, con nombre de madrugada.

 Comenzó con el negocio de moler su abuelo Juan, después continuó su padre, Alfredo y, tras un tiempo cerrado, el tercero en la generación de molineros -Alfredín para los lugareños más veteranos, aún cuando ya es un "paisano" de buenas espaldas para cargar sacos y experimentado padre de un par de gemelas-,  decidió dar un paso adelante y poner de nuevo el engranaje de canales, canaletas y  muelas en movimiento para aprovechar  las aguas de un valle abundante en ríos, fuentes y manantiales.

 No es el molino de Fondón un edificio antiguo, ni de estructura externa similar a los viejos molinos. Pero el ambiente que lo rodea por dentro y por fuera, invita a recordar las viejas leyendas de la molienda. El aroma del grano trae reminiscencias de estampas bucólicas y conocidas historias populares.

 Aunque lo de ir al "molín" sea ahora una actividad esporádica, apenas traspasas la puerta del triturador de Afredo,  las materias primas que lo poblan, el olor de la harina, el trun trun de la maquinaria y el evocador sonido del agua te transportan de inmediato a un tiempo indefinido, un oasis en los avances de la economía y de los productos que consumimos, de menos acceso directo, procedentes de lugares dispersos, y con muchos de sus componentes de dudosa reputación para la salud.. Después está ese agua que se coge del río tan próximo, justo bordeando el lugar de trabajo del molinero, rodeado de naturaleza, y no se hace esperar la sensación de transitar los mismos escenarios que las generaciones pasadas recorrían como rutina.

De manera muy resumida, el funcionamiento de este tipo de molinos consiste en coger el agua del río, que es canalizado y conducido a un sistema que hace fuerza sobre una rueda que, a su vez, consigue hacer girar un sistema de transmisión de potencia hacia la piedra que convierte el grano en harina. Una vez hecho su trabajo, el agua es devuelto al río.

En otro tiempo ir al molino era tan habitual como acudir ahora a la panadería. A diario iban los vecinos de las aldeas asturianas a moler maíz, trigo o escanda. Amanecía o anochecía y todavía podían verse candiles de ida y vuelta a los molinos,en su mayoría comunales. Y un dicho popular rezaba aquello de que "el más roín, al agua y al molín". Los derivados de los cereales que cultivaban por los minifundios asturianos -maíz y escanda principalmente- eran la base de una alimentación sencilla en tiempos de escasez.. Tampoco en ninguna casa faltaba el horno para cocer la masa que habría de saciar el hambre de las familias, por lo general numerosas.

Ya sea porque las costumbres son de ida y vuelta, o porque las actuales modas alimenticias llevan por caminos de regreso a una alimentación más natural, lo cierto es que ir al molino a comprar harina natural o a triturar la que algunos clientes cosechan en sus minifundios empieza a ser una tendencia a destacar. También uno puede llevarse el sabor de Sobrescobio en los Suspiros del Alba, que se empezaron a elaborar recientemente en el pequeño negocio de Fondón. Si a nadie le amarga un dulce, adquirirlo en el mismo sitio donde el grano es triturado, adquiere un especial grado de excelencia; más si cabe, al mojar esas  galletas que tienen el color del  sol, en ese primer café saboreado al alba.






Tras la visita al molino, en esa aldea de Sobrescobio, donde tan fácilmente uno puede creer en historias  de trasgos y xanas, el  aroma al primer alimento produce un
Déjà vu de antiguas vivencias, así como el rezo de uno de los cientos de poemas escritos como oda a un trabajo, cuya conservación entronca con unas raíces que no deberían ser arrancadas nunca: "Siempre habrá nieve altanera que vista el monte de armiño, y agua honesta que trabaja en la presa del molino.Y siempre habrá un sol traidor - un sol verdugo y amigo- que trueque en llanto la nieve y en nube el agua del río". (León Felipe) 






martes, 4 de abril de 2017

La elegancia del Club de Lectura Coyán



"El tiempo es una lluvia paciente y amarilla, que apaga poco a poco los fuegos más violentos" 


Todo comienza con un primer paso o con una primera palabra. Así que el Club de Lectura coyán empezó siendo una posibilidad en una conversación con Maite una tarde de otoño, en medio -literal-  de uno de los caminos más paseados de Soto de Agues. En esas parrafadas "prestosas", en las que se habla de todo un poco "sin echar por nadie" (que decimos por allí), surgió la idea de que sería "guapo" ese proyecto en el municipio de Sobrescobio;  el concejo asturiano que, según las estadísticas, más libros, bibliotecas y lectores tiene en proporción a sus metros cuadrados. Sin prisa, pero sin pausa, el plan fue fraguando y una tarde de Marzo ya teníamos, sobre la mesa de la Biblioteca Municipal de Rioseco más de veinte tomos de La elegancia del erizo, tantos como los integrantes del Club que apunta con crecer. Podría haber sido cualquier otro libro el elegido para el punto de partida, de entre los cientos que nos ofrece la Red Regional de Bibliotecas de Asturias. Pero las vivencias de una portera parisina, en apariencia una cincuentona mediocre y poco agraciada físicamente, era un buen comienzo para reflexionar sobre la importancia de no guiarse por los marcadores externos. Tras una señora que está a cargo de una portería, fregona en mano todo el día y a las órdenes de gente adinerada, se esconde toda una experta en los filósofos clásicos y modernos, amante de la mejor música, de los platos exquisitos y con un coeficiente intelectual que deja a la altura del barro intelectual a la mayoría de los inquilinos de la calle Grenelle. Notas de humor, sabiduría popular y la ironía ante el mundo de quien calla más de lo que sabe, con la ternura añadida de las historias entremezcladas de esos otros vecinos que sí miraban bajo la piel, nos presentan a la viuda Renée Michel como la mujer a la que nos gustaría parecernos en muchos aspectos. Aunque también hubo alguna lectora que la tachó de "prepotente"; vamos que no le cayó nada bien la proletaria ilustrada, porque cada cual hace su lectura particular, que para eso también están los clubes de lectura.

"La lluvia amarilla", ahora en manos de las lectoras y los lectores delrecién estrenado Club de lectura , espera comentarios, anécdotas, interpretaciones y conclusiones para finales de este mes de Abril. Lo que llevo leído de esta obra de Julio Llamazares,  no da para ninguna emoción alegre. Es más, hacía tiempo que un libro no me hacía llorar o sentir escalofríos. Llega tan directamente a las entrañas el monólogo del último habitante de un pueblo abandonado del pirineo aragonés que uno se va poniendo en su piel, casi palpando todas todas las emociones de Andrés. Son unos desgarrados sentimientos que, en otras escalas y circunstancias, no cuesta tanto imaginárselos. El tiempo es un Señor paciente del que nadie puede escapar. Y la decadencia, el olvido, la muerte llega tarde o temprano a cualquier ser humano. Aunque, cuando uno empieza a convivir con esa idea "cuando cree que ya todo lo ha olvidado, basta una simple carta, una fotografía, para que salte en mil pedazos la lámina del hielo del olvido".

Solo es un libro, no quiero afligiros, ahora que la primavera ha vuelto a asomar tras las cristaleras de esa estancia de la biblioteca coyana donde nos reunimos cada mes; uno de esos rincones donde siempre  huele a libros, a madera, a flores, a historias ... Tal vez para la próxima reunión elijamos una novela de las que hacen el tiempo infinito y los finales con epílogos prometedores. De ese modo, nos desquitaremos de la melancolía que producen los últimos coletazos de la vida de Sabina y Andrés, envuelta en fantasmas, en musgo y en ruinas.

Asimismo, es posible que, en próximos encuentros, recorramos otros puntos de lectura del municipio. Sin duda los días largos y más cálidos invitan a caleyar por los microuniversos coyanes; entrañables y elegantes donde los haya. Una  copa de vino, un culín de sidra o una taza de té de jazmín, el mismo que compartía la sabia portera con su amiga Manuela -si vas a tener solo una amiga, elige la mejor-, seguirá poniendo cierre mensual a unos encuentros que pretenden, además de compartir versiones de una misma historia, retomar conversaciones ya casi en desuso. Las prisas con las que ahora vivimos, junto con el aislamiento que produce lo digital,  invita a buscar pretextos para la conversación en vivo y en directo entre quienes comparten aficiones comunes.






lunes, 27 de marzo de 2017

Llugares

Conocemos muchos nombres de la toponimia de nuestros montes y valles; por otros comenzamos ahora a interesarnos más. Será por aquello de que empiezan a faltarnos las fuentes de información y no queremos que caigan en el olvido los sitios que se esconden bajo la inmensidad de la natulareza o, tal vez, porque el tiempo va pasando sin remedio y uno valora más su raíces.  Son nominaciones autóctonas y curiosas, pronunciadas por miles de nuestros antepasados. Los que transitaban esos lugares conocían cada canto, cada recodo, cada hondanada, cada pico, cada riachuelo y hasta cada arboleda de aquellos parajes que formaron parte de su modo de vida. Pero también trataban de tú a tú a cada microuniverso de esos paisajes, poniendo nombres y hasta apellidos peculiares a muchos puntos de su camino diario. Pintorescas formas de llamar a una piedra, a un pequeño llano, a un peñón concreto, a una pradera de verde distinto; allí donde hubo un día una historia humana, un fenómeno meteorológico inolvidable, el lugar favorito de algún animal, un secreto a voces, una tragedia, un momento mágico...  En unos pocos de kilómetros se definen cientos de sustantivos, duplicados en otros lugares de la geografía asturiana. Este fin de semana me han señalado algunos de ellos y me pareció interesante inmortalizarlos por aquí. Los comparto y os invito a ampliar la lista. La de hoy seguramente será más conocida por los casinos y las casinasde Tanes. Quién con una edad no ha pasado por o no ha oído hablar de: La Llana el Marrán, LesPorqueres, Feleches, Rituerios, Coxeu, Los Posaorios de Nildo, El Cantu La Robeca, Ritallones, Miraoriu, La Vauga, El Cándanu, El Vasellín de la Muezca, Cotiellos, Sopontón, Llinazagues, Misiegues, Xenra, Los Llongares, El Atoriellu -el raposu en atoriellu cantaba y daba  les palmes...- , La Retuerta, Ricarto, Recastañera, La Grandiella, Les Bragues, El Cabaín, Treslería, Faces, El Llerón,  Porciles, Bustiellu, La Grandiella, El Llanu más Altu, Espines, La Paraona, Miyares, Granielles, La Trapa, El Tabayón, Los Baugones, La Llosona, El Caón, ElCoballu les Cerezales, El Pandu la Barrera, Casares, El Argayu, La Llatri, La Mozquita, El Cascayu, El Cebollín, La Grera, La Vallina, Estaques, Sebares, La Llinariega, El Ríu los Cuadros...



Much@s conoceréis el nombre, pero de la mayoría de ellos no es tan fácil descifrar el por qué...  Continuará.